“¿Por qué será que muchos niños buenos empiezan a tratarse mal unos a otros incluso desde finales de la primaria? ¿Cuándo se vuelve común esta maldad? ¿Cuáles son los objetivos de este maltrato deliberado? ¿Cómo se manifiesta? ¿Qué pueden hacer padres y profesores para ayudarles a los niños a responder? Estas son las preguntas que trato de responder en mi libro. ‘Crueldad social’ es el término que utilizo para esta maldad deliberada”, dice el doctor Carl Pickhardt, sicólogo de la universidad de Harvard y experto en familia y adolescencia, en su libro Por qué los niños son crueles. La verdad oculta acerca de la adolescencia temprana, editado en Colombia por Panamericana Editorial.
En Colombia y otros países, rectores y profesores de los colegios, medios de comunicación, asociaciones de padres y entidades gubernamentales se han unido en una lucha frontal contra el matoneo o bullying. Pero de acuerdo con el doctor Pickhardt, hay otros cuatro tipos de “crueldad social” ejercida en especial por los preadolescentes que llegan a secundaria.
“El primer paso que deben dar los adultos es comprender que la potencial crueldad social de los estudiantes de últimos años de primaria y primeros de secundaria está arraigada en la falta de ubicación, inseguridad y necesidad de mayor independencia que acompaña los primeros cambios de la adolescencia. El segundo paso –asegura el especialista– es mantenerse suficientemente informados acerca del mundo social cada vez más independiente de los jóvenes, para que puedan monitorear e influir sobre la manera como se tratan unos a otros. Cuanto más abandonen los adultos cercanos (padres y profesores) a los grupos de jóvenes, probablemente prosperará más la violencia social debido a las rigurosas reglas de supervivencia social que imperan durante esta época tan vulnerable”.
12795291_1112037548826751_4817176067522383021_n
¿Cuáles son las crueldades sociales específicas que afloran durante los primeros años de secundaria? Después de hacer en su libro un completo análisis del porqué la adolescencia está llegando tan temprano en los niños y niñas de este siglo, el terapeuta se basa en sus sesiones de consejería con los jóvenes y determina que cinco categorías aparecen de manera recurrente. Extractamos apartes clave de sus conclusiones.
“¡TIENES OREJAS DE BURRO!”
Burla
“Un niño puede ser víctima de burla cuando le ponen un apodo insultante, cuando lo critican por su presentación personal o desempeño o cuando lo ridiculizan por ser diferente o no ‘cuadrar’ en el grupo o cuando se ríen de él por lo que dice o por lo que no sabe”.
El doctor Pickhardt asegura que este comportamiento siempre revela más del que se burla que de la víctima. ¿Por qué? “Porque demuestra que los burlones tienen la necesidad de degradar a alguien para sentirse superiores, de hacer que alguien se sienta peor que ellos para sentirse mejor acerca de sus propios defectos. Así, cuanto más abajo se encuentren en la escala social, más grande será su necesidad de atormentar a otros”. En otras palabras, un joven seguro de sí mismo, confiado y con una autoestima alta, no tiene necesidad de maltratar a nadie.
Recuérdele eso a su hijo, enséñele a no tomar las burlas de sus compañeros en serio (si lo hace, quiere decir que cree en esas palabras) y dígale que nunca deje ver su tristeza o rabia ante el burlón. Mejor enséñele las tácticas del doctor Pickhardt; por ejemplo, dar una respuesta sarcástica (“¡gracias por el cumplido!”), no prestarle atención (“cuando termines de hablar, hagamos algo divertido”), ignorarlo (alzar los ojos al cielo y alejarse), pedirle que repita (“¿cómo dijiste, realmente no te estaba poniendo atención”).
“Existen muchas alternativas, si no funciona una, que pruebe otra. Lo importante es que nunca deje ver al burlón que está logrando su cometido”, aconseja.
“¡NO TE METAS CON ELLA!”
Exclusión
A la víctima de esta crueldad social sus compañeros le ignoran en clase, le niegan un puesto en la mesa de la cafetería, no lo invitan a las reuniones fuera del colegio, evitan el contacto en clase para que se sienta aislado o lo excluyen de las tareas en grupo.
De acuerdo con su experiencia, el terapeuta asegura que uno de los problemas de la exclusión es que llama poco la atención de los adultos en el colegio porque no es socialmente notoria. “De hecho, a menudo es invisible para los adultos encargados. Ellos no perciben la no invitación, el rechazo, los silencios aterradores, el secreto, las miradas furtivas ni la risa del grupo, que la víctima sí siente”.
Si su hijo afronta este tipo de crueldad, esfuércese por buscar su inclusión en otros círculos sociales. Así podrá compartir y divertirse con otros muchachos o jovencitas de su edad fuera del colegio. “Él puede tener la experiencia de ser incluido y valorado entre amigos del vecindario, en un equipo de deportes o con los hijos de amigos de la familia. Muchos de estos grupos sociales externos ejercen menos presión social que las camarillas que dominan en el colegio”.
“¿SABÍAS? SUTANITA SE ACOSTÓ CON…”
Rumores maliciosos
“Se presenta cuando otros jóvenes ponen a circular notas soeces, se inventan y propagan cuentos maliciosos (por teléfono o a través de internet), con el fin de crear una falsa impresión que le será difícil rebatir a la víctima. O cuando revelan o distorsionan un secreto contado a alguien en confianza.
El rumor utiliza la magia de la insinuación, crea la ilusión de un ‘hecho’ a base de pedacitos de historia, verdades infundadas y puras mentiras. El rumor es doblemente destructivo: afecta la reputación de un joven al incidir en la forma como se identifica y se valora socialmente a esa persona, y afecta su autoimagen porque la manera como lo ven los otros incide en la forma como se ve él mismo”.
Todos sabemos que enfrentar y atajar una calumnia, un chisme malintencionado sobre nosotros es frustrante, aterrador y nos hace sentir totalmente indefensos porque no sabemos quién lo comenzó, cuántas personas lo creen y cómo va a afectar a mediano y largo plazo nuestra imagen y reputación. Entonces, ¿se imagina lo que puede pasar por la mente de un preadolescente que es víctima de esta crueldad social?
Y para colmo, la tecnología ha logrado que los mensajes amenazadores, insultantes, denigrantes o calumniadores se expandan rápida y masivamente. “Internet –escribe el doctor Pickhardt– es la fábrica de rumores más grande que se haya inventado jamás. Y los jóvenes deben entender que en el ciberespacio no hay privacidad, confidencialidad o secretos. No hay forma de recuperar o borrar lo que se ha enviado. Cualquier cosa que uno cuente sobre su vida se puede volver en nuestra contra”. Ese es el mensaje que los padres deben reiterar en sus hijos para protegerlos.
¿Y qué hacer cuando el rumor ya se ha desencadenado? Aconséjele a su hijo que diga en el colegio que el rumor es falso, pero que no se ponga a discutir o a explicar el porqué, pues eso suena como si tuviera algo que defender. Luego pídale paciencia: cuanto más se pone viejo un chisme, más pierde su esencia sensacionalista.
“YO AYUDÉ A ROMPERLE TODOS LOS LIBROS PORQUE LOS DEMÁS LO HACÍAN”
Ataques grupales
Se da cuando nadie se pone de parte del joven o cuando varios estudiantes se agrupan para utilizar, verbal o físicamente, algunos de los tipos de crueldad social en su contra, incluyendo el matoneo. De acuerdo con el sicólogo, esa confabulación crea un sentimiento de solidaridad entre los atacantes y una vulnerabilidad extrema en la víctima.
“Un joven puede cometer actos de crueldad en grupo, que nunca realizaría individualmente. El que ‘todos los demás lo están haciendo’ los alienta y hasta cierto punto excusa su participación en el maltrato. La responsabilidad compartida reduce el sentimiento individual de culpa”.
Y quién lo creyera. En todos los ataques grupales resultan dos afectados: por supuesto, la víctima, pero también los miembros del grupo que participan, no porque realmente quieran, sino porque sienten que deben seguir al grupo o de lo contrario se arriesgan a que los excluyan. Recordemos que para un preadolescente es esencial que sus pares lo acepten y lo vean como un igual. “Ese es el poder del grupo en la adolescencia temprana, cuando pertenecer se convierte en algo muy importante”.
En caso de ataques de un grupo, los padres de la víctima deben ir al colegio con una actitud de defensa, no de acusación. “Es decir, están allí para representar los intereses de su hijo en cuanto a seguridad, no para acusar al plantel o a los agresores –aconseja el autor–î. Si la respuesta es insuficiente, se hace necesario acudir a otras autoridades. Y en casos extremos, es mejor cambiar al joven o jovencita de colegio.
NIÑOS CON AUTOESTIMA SOCIAL
La doctora Annie de Acevedo, conocida terapeuta infantil y de familia, en su libro Hazlos felices para que sean buenos (Editorial Planeta), asegura que la autoestima es determinante para la felicidad de nuestros hijos. “Un niño que se acepta, se quiere y se siente valorado en diferentes dimensiones, tiene muchas posibilidades de ser feliz”. Y entre los puntos que debemos reforzar en nuestros hijos, está la autoestima social.
“La identidad de los niños se basa en su sentido de pertenencia a un grupo especifico, se trata del sentimiento de ser aceptado o rechazado por su grupo. Un niño que tiene una buena estima social es seguro, expresa lo que piensa y siente sin temor, mira a los ojos cuando le hablan y se le facilita conseguir amigos y/o trabajar en grupo. Obviamente, estos niños dotados de una buena autoestima social, crecen más felices, tienen y mantienen buenas amistades, saben ser asertivos y luchan por sus derechos.
Los padres –explica la doctora Acevedo– deben ser quienes creen las condiciones para favorecer la amistad entre niños, invitándoles amigos, llevando a los propios cuando los inviten a otra casa y buscando oportunidades de hacer nuevos amigos. Tener buenos amigos en la infancia y la adolescencia va a ser clave para la felicidad de los jóvenes. Cuando no existe esa autoestima social positiva, vamos a encontrar a un niño aislado y posiblemente ignorado o rechazado por sus compañeros.
Estar bien con los demás, tener un buen grupo de amigos y saber manejar sus emociones, pone al niño en una situación más favorable en cuanto a la felicidad. La autoestima social positiva protege a los niños de las críticas malintencionadas y les permite resolver problemas para luego aprender de esto. Un niño seguro de sí mismo, asertivo y con confianza en sus actuaciones, tiene una gran capacidad para relacionarse bien con los demás. Esto lo lleva derecho a la felicidad”.