La estadounidense Brigitte White decidió publicar en internet una foto que le tomó su hijo de siete años. Al principio el solo ver la imagen la aterrorizó, pero luego le permitió verse a sí misma con los ojos de un niño. Evaflex piensa que todos podemos aprender algo de esta experiencia.

“Pasando fotos en mi teléfono de repente vi ESO” – dice en su blog Brigitte, la mamá de dos pequeños.

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“Shock: eso definiría mi reacción”

¿Quién tomó esa foto sin mi consentimiento? Siento odio hacia mi misma, siento oleadas de aversión que llegan a mi garganta, mis ojos están llenos de lágrimas. Ya tengo mi dedo sobre el botón “borrar” y en ese preciso instante entra mi hijo a la habitación.

–¿Sabes de donde salió esta fotografía? Una sonrisa ilumina su rostro. –¡yo, mamá!  te fotografié cuando fuimos a la playa ¿recuerdas? Estabas tan linda que no pude contenerme. –Hay que pedir permiso antes de tomar fotos con mi teléfono ¿sabías? –le digo. Yo sé mami, pero lo digo en serio  ¡sólo mira lo bien que te ves!

Veo la foto una vez más e intento ver lo que él ve, verme a mi misma con los ojos de un niño. En ese momento se acerca mi hija, observa la foto apoyada en mi hombro y sonríe: “Parece una postal, mami. ¡que guapa!. ¡me gusta mucho!:

Respiro profundo.

Si, siempre es así, veo sólo mis defectos. Es algo automático. Luego, cuando empiezo a ver la foto percibo algo más. Ahí están mis muslos regordetes con rastros de celulitis, es imposible no verlos; veo también a una mamá como todas pero muy cansada, ese día había pasado muchas horas de pié siguiendo el camino del lago y sus alrededores con mis hijos, hasta que al fín pude acostarme en la orilla a disfrutar de un merecido descanso. Mis manos gruesas, las manos de madre, cansadas después de levantar a mis hijos para que no tocasen la arena hirviente. Hasta ese momento yo no era más que una mujer de grandes proporciones que intentaba esconder el sobrepeso bajo un vestido de baño negro. Pero en la foto también veo a una mamá intrépida que viaja y le muestra el mundo a sus hijos a los que ama con todo su corazón.

Tal como muchas mujeres, he luchado con mi sobrepeso toda la vida y no puedo hacer prácticamente nada al respecto, mi contextura física tiende a ser rellena y nunca he sido delgada, ahora incluso peso más que lo que había pesado durante los últimos 10 años; pero no quiero quitarle el sentido a mi vida por ser rellena, uso vestidos abiertos y no temo el vestido de baño en verano. Corro, y juego con mis hijos e incluso a veces me siento atractiva. Sí, sí. atractiva. bueno, casi.

¿Puede ser por la edad?

¿O porque tengo cosas más importantes de qué preocuparme que mi aspecto físico? ¿quizá sea porque mis hijos me ven con tal admiración? Ya no siento odio por mi cuerpo. Eso no quiere decir que haya renunciado a toda oportunidad de hacer ejercicio y cuidar mi salud, no; continuaré porque quiero vivir feliz y por mucho tiempo. Al fin de cuentas en ese sentido lo más importante para mi es AMAR mi cuerpo tal y como es. Quiero verme como me ven mis hijos.

Gracias, hijitos”.

¿Puede ser que sea más facil sentirnos bellos/bellas cuando estamos con nuestros hijos? Si por la mañana despertamos luciendo un poco peor de lo que desearíamos, con el cabello enredado, bolsas bajo los ojos, etc, los niños no le dan ninguna importancia. Es como si vieran nuestra esencia, el físico les importa poco. Los niños escuchan nuestra risa contagiosa, ven cómo brillan nuestros ojos con lo que nos emociona, sienten nuestra alegría, comparten la tristeza, y se emocionan si queremos jugar. Nos sentimos magníficos cuando con tan sólo vernos, ellos vienen corriendo para abrazarnos o simplemente estar cerca.

¿Y qué pasaría si empezamos a vernos cada día tal y como nos ven nuestros hijos, si empezaramos a amarnos más por quienes somos en realidad, más allá de la apariencia? Seguramente una arruga o un kilo de más ya no será un motivo para truncar nuestra vida. Definitivamente los niños tienen mucho que enseñarnos.

Foto de portada: Jade Beall
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