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Una de las formas que tenemos los padres a la hora de motivar la buena conducta de nuestros hijos es otorgarles recompensas por su buen comportamiento. Recompensas que los expertos siempre recomendamos que no sean materiales, ya que con ellas corremos el peligro de convertir a nuestros hijos en chantajistas profesionales.

¿Por qué creo que las recompensas materiales son un peligro para la educación de nuestros hijos?

El peligro de utilizar recompensas materiales va más allá de que no son eficaces para mejorar la conducta de nuestros hijos a largo plazo  porque :

  • – cada vez que le compramos un juguete a nuestro hijo por portarse bien él recibe el mensaje de que tener cosas es lo más importante en la vida.
  • – Con este mensaje en mente crecerá creyendo que para ser feliz necesita tener cosas y más cosas, por lo que siempre se sentirá insatisfecho con aquello que haga si no obtiene una recompensa material tras su esfuerzo.
  • – Con las recompensas materiales los niños se vuelven materialistas y caprichosos.
  • – Solo se esfuerzan si hay una recompensa al final. Las recompensas materiales se vuelven el motor de sus conductas.
  • – Corremos el peligro de estar programando a nuestros hijos para sentirse poco valiosos y desdichados en un futuro cuando se den cuenta que la vida real funciona de un modo distinto al que le hemos estado acostumbrando.

Cuando tenemos que escoger una forma de recompensar a nuestros hijos por algo que han hecho bien debemos tener en cuenta que no todos los premios son igual de eficaces, es más, algunos son incluso contraproducentes como hemos visto en el caso de las recompensas materiales. Pero sí podemos otorgar pegatinas, insignias o tickets validos para canjear por actividades (ir al cine, hacer una excursión).

Las recompensas materiales son menos gratificantes y menos efectivas que los refuerzos emocionales como por ejemplo ir a dar un paseo en bici con papá o mamá, preparar un pastel o jugar al parchís. Los niños aprenden más lentamente cuando solo les recompensamos con juguetes o golosinas por una cuestión del tipo de conexiones neuronales que provoca una gratificación emocional versus una material.